Dejo la docencia (de momento)


Desde hace años me venía rondado por la cabeza la idea de dejar la docencia y trabajar durante algún tiempo en algún departamento de sistemas, al final ha ocurrido eso, pero no esperaba que fuera de esta manera. Toda esta historia del COVID ha puesto patas arriba la vida de mucha gente y también la mía, así que este curso no estoy dando clases en el IES Gonzalo Nazareno y he empezado a trabajar en el Servicio de Informática de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Puede que esto sea algo temporal y que vuelva el curso que viene a las clases, pero no lo tengo tan claro: si la nueva normalidad se hace normalidad y esto del COVID se cronifica, no creo que vuelva al aula en bastante tiempo. O también puede ser que le coja el gustillo al nuevo trabajo y no eche de menos el melodioso sonido de la sirena entre clase y clase.

En cualquier caso, como esto puede ser un punto y aparte o un punto y final, creo que es un buen momento para compartir unas líneas y reflexionar un poco sobre cómo he vivido estos años.

Tuve la enorme suerte de recibir un trasplante renal hace más de quince años, gracias a la generosidad de una familia a la que no conozco, que decidió donar los órganos de un ser querido que acababa de fallecer para salvar la vida a gente anónima. Gracias a eso, he podido realizar una vida totalmente normal estos años, pero este virus ha alterado un poco la situación, nada grave por suerte, pero debo tener más precaución que la mayoría de la gente.

Aunque a nuestra querida Ministra de Educación le parezca mentira, la distancia interpersonal en un aula no es de 1,2 metros. En un aula de verdad, no de las que aparecen en los bonitos informes que se leen en un amplio despacho de un Ministerio, la distancias interpersonales de 1,2 metros ni se sueñan. Las aulas están masificadas, las distancias interpersonales no existen, un lavabo o un WC lo pueden compartir cientos de personas, la ventilación consiste en abrir mucho las ventanas y aguantar frío, y los pasillos en un intercambio son como el primer día en las rebajas. Se ha trasladado a la sociedad la idea de que ocurren muy pocos contagios en los centros educativos, pero es algo difícil de creer. Como no me parece muy razonable trabajar en estas circunstancias, desde principios de curso me puse a buscar una alternativa y cuando me salió la posibilidad de irme el resto del curso al Servicio de Informática de la Consejería de Educación, no me lo pensé mucho.

Aunque he dado clases en más de un centro y en más de una etapa, la mayor parte de mi trabajo lo he realizado en el IES Gonzalo Nazareno y he puesto todo mi interés y conocimientos en sacar a buenos profesionales en la administración de sistemas. Pero además, he aprendido mucho en estos años y lo he pasado muy bien, tanto con los compañeros del centro, como con toda la gente que ha venido al Gonzalo a aprender una profesión y hoy en día está trabajando en su mayoría en este campo. Es un placer encontrarme a antiguos alumnos que me cuentan cómo les va la vida y ver que valoran muy positivamente la formación que recibieron y guardan cariño del tiempo que estuvieron con nosotros. Evidentemente la influencia de la formación que recibieron se va perdiendo con los años y sus logros profesionales se deben principalmente a méritos propios y circunstancias de la vida, pero no es menos cierto que es importante la formación y orientación que recibieron en las etapas iniciales. Ahí es cuando uno ve que la educación puede ser realmente transformadora y que el trabajo del docente es relevante y que influye, para bien o para mal, en la vida de las personas que tiene todos los días sentadas delante.

Pero hay algo que tengo absolutamente claro después de 18 años dedicados a dar clase en Formación Profesional, y es que la FP no existe, ni está realmente en ninguna agenda, ni en el día a día de cualquier centro de secundaria se atienden adecuadamente sus necesidades (en este caso, porque la ESO exige tanto esfuerzo que no queda tiempo para nada más). No existe realmente ningún tipo de planificación, organización o evaluación de lo que se hace, ni nadie con competencia en el campo que coordine o se interese realmente por la formación que están recibiendo los alumnos de un ciclo formativo (por favor, que nadie diga que eso lo hace o lo tiene que hacer la inspección educativa porque me da la risa fuerte). Puede haber un equipo docente excelente volcado en la formación de sus alumnos y otro absolutamente incompetente y desinteresado, pero ambos recibirán lo mismo: Nada. Bueno, no es cierto de todo, cada persona recibirá su nómina a final de mes, que no es poco, pero que no espere que ninguna organización o administración evalúe, apoye o valore lo que está haciendo. No hay nadie al otro lado, no lo esperes.

Una vez asumido lo anterior, si eres docente tienes dos alternativas: dejarte llevar por la indolencia hasta que te jubiles, o enfocarte en quien sí va a valorar tu trabajo y poner allí todo el esfuerzo: Tu alumnado. Una pista: poner todo tu esfuerzo en el alumnado y hacer trámites burocráticos son incompatibles, todo el tiempo que dediques a burocracia se lo estás robando a tus alumnos.

Si eres docente y no piensas que lo mejor es enfocarte en tus alumnos sin esperar nada a cambio, no vale la pena que sigas leyendo, pero para los demás tengo una buena noticia (o mala, porque va a suponer trabajar mucho): Es posible dar la mejor formación posible en informática sin apenas recursos. La suerte que tenemos en el caso de administración de sistemas, y sería incluso más claro en desarrollo, es que es posible que la formación que reciba una persona con un ordenador conectado a Internet pueda ser casi la misma en cualquier lugar del planeta, lo tenemos todo a nuestra disposición gracias a una cosa maravillosa llamada software libre, solo es importante elegir bien y saber hacia dónde queremos llevar a nuestro alumnado. En este sentido orienté mi presentación en el Ciclo sobre educación organizado por la Iniciativa Sevilla Abierta, presenté, junto a mi compañero José Domingo Muñoz, el truco era el software libre en la OpenSouthCode 2019 o escribí hace poco en este blog la entrada ¿Es la hora de cambios radicales en ASIR? en la que expongo los cambios que creo que serían necesarios en este momento para que nuestro alumnado pueda competir con todas las garantías en el mercado global.

Bueno, realmente hace falta algo más que un ordenador conectado a Internet. En el caso de la administración de sistemas, creo que es importante que el centro cuente con un pequeño centro de datos, para que las prácticas del alumnado sean más realistas y no trabajen sólo con pequeños entornos virtuales en el propio equipo. Por supuesto nadie con responsabilidades en FP ha considerado necesario este aspecto y los centros que conozco que cuentan con infraestructura de hardware, como el IES GN, es porque el profesorado del ciclo se ha volcado para hacerlo posible y le dedica muchas horas adicionales que nadie valora. Participar en proyectos de todo tipo (siempre fuera de horario y siempre sin el reconocimiento adecuado) o mendigar hardware a todas las empresas conocidas y por conocer, es algo a lo que te acostumbras para conseguir la dotación que no tiene tu centro. Informática de barricadas, en la que la necesidad apremia y el presupuesto escasea. En nuestro caso, conseguimos montar un pequeño centro de datos en la cocina de la antigua casa del conserje, que ha mejorado considerablemente la formación impartida estos años, entre otras cosas porque fuimos pioneros en España hace 10 años en inclusión de las tecnologías de cloud computing, un proyecto que cambió la forma de plantearnos la administración de sistemas y que nos ha permitido evolucionar año tras año. Gracias al software OpenStack que manejamos desde entonces, nuestro alumnado puede interactuar con múltiples servidores remotos en la nube y adquirir conocimientos actualizados en este campo. Además, este proyecto de innovación ha sido el trampolín que nos ha permitido ir conociendo muchas otras tecnologías e ir reorientando completamente los objetivos y la metodología utilizada en la formación que se imparte.

Resumir todos estos años dando clases es complicado y podría seguir escribiendo y contando cosas que hemos hecho y gente estupenda con la que me he cruzado estos años (también con gente menos estupenda, pero ya no la recuerdo), pero lo comentado anteriormente es algo que quería escribir y no había encontrado el momento de hacerlo. De alguna manera he querido explicar que con ganas y esfuerzo se puede hacer mucho (¡y hay que hacerlo!), pero también que la planificación escasea y que en demasiadas ocasiones las cosas salen para adelante por la voluntariedad de gente implicada. En cualquier caso, es momento de ir concluyendo y aunque cuando te gusta la docencia, y a mí me encanta, es complicado tomar esta decisión, como las circunstancias mandan y soy optimista, prefiero quedarme con todo lo bueno que he vivido y comenzar con ganas esta nueva etapa.

A toda la gente con la que he compartido estos años solo os puedo decir una cosa: muchas gracias, el esfuerzo valió la pena y lo he pasado realmente bien. Pero no os confiéis, amenazo con volver cuando menos lo esperéis.

[Actualización 1/3/2022:] Tampoco pudo ser en la Consejería de Educación porque encontré una oposición frontal a teletrabajar durante la sexta ola de COVID (al parecer para los responsables de RRHH todo aquello que no sea calentar la silla, no es trabajar, así nos va), así que decidí pedirme una excedencia y ahora trabajo en remoto para una empresa, haciendo labores de sistemas como las que he enseñado a mis alumnos durante estos años.

Dejo la docencia (de momento)

2 comentarios en “Dejo la docencia (de momento)

  1. Manuel dijo:

    Hola Alberto,
    El placer ha sido mío.
    Tuve la suerte de dar clases en el IES Gonzalo Nazareno y siempre he contado con tu ayuda y tus buenos consejos.
    Te lo agradezco un montón.
    Eres una buena persona y un gran profesional.
    Creo que, vayas donde vayas, siempre serás bien acogido.
    Un fuerte abrazo, Alberto

    Le gusta a 1 persona

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